1 de febrero de 2017

Odoacro y el último emperador de Roma

En el año 395 de nuestra era el Imperio Romano se dividió en dos partes, el Imperio Romano de Occidente y el de Oriente, con capitales en Roma y Bizancio, que posteriormente fue renombrada como Constantinopla. Esta división no solo fue territorial, sino también administrativa y supuso la separación definitiva del que fue el mayor Imperio existente en Europa.

Cada Imperio tomó diferentes caminos, el de Oriente pasó a ser el Imperio Bizantino y con el paso de los años fue alejándose cada vez más de la influencia romana, llegando hasta a adoptar el griego antiguo como idioma oficial. Fue un imperio prospero que sobrevivió prácticamente toda la Edad Media y no vio su declive hasta principios del Renacimiento.

En cambio, el Imperio romano de Occidente tuvo un final mucho más prematuro.

Las constantes incursiones bárbaras contra las debilitadas fronteras romanas habían dejado una economía muy poco solvente y el ejército del Imperio estaba compuesto por una mezcla demasiado heterogénea. Aún quedaban soldados romanos, nacidos y criados en Roma, pero la gran mayoría eran de origen bárbaro y no sentían Roma como su patria.



A pesar de la inclusión de los bárbaros en las filas del ejército estos eran demasiado pocos para enfrentarse a los ataques del resto de pueblos germanos que no se habían unido al Imperio y aún continuaban su ataque contra Roma. Por eso se decidió contratar mercenarios, que en su gran mayoría pertenecían al pueblo burgundio.

A finales del siglo V el rey de los burgundios, que en aquel momento era Ricimero, era el magister militum, es decir, la persona con mayor rango dentro del ejército y dado que sus soldados eran el grueso del ejército de Roma, era él el que tenía el control del Imperio y no el emperador.

En el año 472 tanto el emperador romano Olibrio como el magister militum Ricimero murieron. El sucesor de Ricimero fue su sobrino Gundebaldo y este nombró Glicerio, por aquel entonces militar romano, emperador del Imperio Romano de Occidente.

Pero León I, el emperador del Imperio Romano de Oriente, no aceptó a este nuevo emperador y designó a Julio Nepote como sucesor de Olibrio. Este puso rumbo a Roma con la intención de destronar al “falso” emperador.

Glicerio contaba entre sus filas con dos grandes militares:

Flavio Orestes un político romano nacido en la región de Panonia, lo que sería actualmente gran parte de Hungría.

Odoacro, jefe de la tribu germánica de los hérulos.

Con estos dos hombres y los soldados de Gundebaldo, que conformaban el grueso de la fuerza romana, Glicerio planeó una estrategia para derrotar a los invasores del oriente. Pero contra todo pronóstico Gundebaldo no se quiso meterse en aquellas intrigas políticas y dejó a Glicerio solo, llevándose consigo todas sus tropas.

Sin el apoyo de los burgundios Glicerio no tenía ninguna posibilidad de ganar, así que cuando Julio Nepote llegó a Roma tomó la decisión de rendirse. Su vida fue perdonada, pero se le obligó a ingresar en la iglesia y acabó siendo obispo.

Así pues, sin nadie que se opusiese a su nombramiento, Julio Nepote se erigió como Emperador del Imperio Romano de Occidente y tomó a Orestes y a Odoacro como generales del ejército. Pero esta decisión no fue demasiado acertada pues los dos eran personas muy ambiciosas y no se tomaron muy bien compartir el mandato.

Poco tiempo después de que Julio Nepote fuese proclamado emperador los pueblos germanos volvieron a atacar las fronteras de Roma. El emperador mandó a Orestes al frente con la orden de expulsar a los invasores, pero este dejó que los germanos tomaran posesión de aquellos terrenos y comenzó a elaborar un plan para derrocar al emperador.

Orestes no pensaba que Julio Nepote pudiese devolver la grandeza que antaño tuvo Roma, así que les prometió a sus soldados, en su gran mayoría de origen bárbaro, que si luchaban a su lado les concedería oro y tierras romanas.

Los soldados aceptaron el trato y Orestes puso camino de Roma, pero cuando Julio Nepote se enteró de la traición de su general se trasladó a Ravena a donde Orestes le siguió y arrasó la ciudad entera en su intento de encontrarlo. El emperador consiguió escapar vivo y se escabulló a la ciudad de Dalmacia donde vivió hasta el año 480, siempre exigió que se le tratase con el título de emperador del Imperio Romano de Occidente. Y tanto en la Galia como para el Imperio de Oriente fue el legítimo emperador, pero en la práctica dejó de tener ningún tipo de poder ya que el plan de Orestes había dado resultado y consiguió bajarle del trono.

La idea de Orestes era nombrar a un emperador que devolviese a Roma su grandeza de antaño, y ¿quién mejor que él para conseguirlo? Pero él no había sido educado en Roma y sabía que el pueblo no lo aceptaría como Emperador. Por eso eligió a su hijo, Rómulo Augústulo. Él sí se había criado en la capital del Imperio y aunque no era más que un adolescente el pueblo romano lo aceptaría como emperador.

Como Rómulo Augústulo era demasiado pequeño para gobernar, Orestes asumió el papel de emperador regente y realmente fue él el que gobernó Roma, su hijo no tuvo ningún tipo de poder ni pudo tomar decisiones sobre el futuro del Imperio, se mantuvo en la ciudad de Ravena, al cuidado de su tío Paulo.

Orestes hizo mandó a Odoacro a luchar lejos de Roma y con ello se quitó de en medio al único rival que podía interponerse entre él y el poder.

Parecía que todo marchaba bien para Orestes, pero los jefes de las tribus germánicas que le habían ayudado a destronar a Julio Nepote exigieron su parte del acuerdo y Orestes se negó a darles las tierras romanas que había prometido.

Los bárbaros, engañados, acudieron a la única persona que podía ayudarles, Odoacro y con él a la cabeza persiguieron a Orestes hasta que consiguieron capturarlo y ejecutarlo. Rómulo Augústulo no supuso demasiado problema para los soldados bárbaros, pero Odoacro decidió perdonarle la vida al chico y lo exilió. No se sabe con exactitud donde fue, pero la mayoría de las fuentes afirman que se mantuvo cautivo en una fortaleza en Nápoles.

Antes de mandarle al exilio, en el año 476, Odoacro le hizo escribir una carta para el emperador del Imperio Romano de Oriente en la que decía que no necesitaba su ayuda y que abdicaba del trono en favor de Odoacro. Con lo que se daba por finalizado el haz de vida del Imperio Romano de Occidente.

Odoacro envió la carta a León I junto con todas las insignias del Imperio y del emperador y se proclamó Rey de Italia.

Muchos consideran este hecho como el cierre de la Edad Antigua y el paso a la Edad Media, pero para los que vivieron en aquella época todo aquello no supuso una gran diferencia, ya que hacía mucho tiempo que el esplendor de Roma había desaparecido.

Por su parte, León I admitió a Odoacro como Rey de Italia, pero para él Julio Nepote seguía siendo el emperador, pues nunca llegó a aceptar la coronación de Rómulo Augústulo.

Odoacro y León I llegaron a un pacto en el que el Rey de Italia aceptó a Julio Nepote como emperador, de hecho se acuñaron monedas con su rostro, pero este no tuvo demasiado poder. Y por eso, a pesar de ostentar el título de emperador, muchos libros de historia reconocen a Rómulo Augústulo como el último emperador del Imperio Romano de Occidente.

En el 480 Julio Nepote murió y eso creó inseguridades en el Imperio Romano de Oriente, pero León I también había fallecido y por el momento no había nadie que tomase realmente el mando. La paz de Odoacro duró el tiempo que el Imperio de Oriente necesitó para solucionar su conflicto sucesorio. Zenón fue elegido emperador y este hizo un pacto con el rey de los ostrogodos, Teodorico el Grande, para que atacasen Italia.

Así pues, en el año 489 los ostrogodos invadieron el territorio de Odoacro derrotando a su ejército y obligándole a rendirse.

Unos días más tarde se realizó un banquete en el que Teodorico pretendía agasajar a Odoacro, pero el depuesto Rey de Italia acabó apuñalado, según dicen algunos, por el mismo Teodorcio.

Y así, gran parte del territorio del antiguo Imperio Romano de Occidente pasó a ser reino godo, igual que había ocurrido con Hispania y los visigodos.


Sobre el último emperador de Roma hay algunos libros, como La última Legión de Valerio Massimo Manfredi y una adaptación de dicho libro en la que actúan, entre otros Thomas Brodie-Sangster, Iain Glen o Ben Kingsley. Hace ya mucho que me leí el libro y recuerdo que me gustó bastante, aunque el rigor histórico es un poco cuestionable.


Con esta entrada se dan por terminados los días de Roma, que hemos seguido desde sus primeros enfrentamientos con los diferentes pueblos bárbaros al otro lado de sus fronteras, como los Celtas, la Guerra de las Galias, su expansión hacia el este, Ariovisto, Arminio, los Limes, que fueron el punto máximo de la expansión romana y que los llevó poco a poco a su decadencia.

Aún queda mucho para dar comienzo a la historia de Alemania, hasta que no llegué ese momento seguiremos aprendiendo la historia de Europa, los pueblos que la formaron, que la atacaron y que hicieron de ella lo que es en la actualidad.

Espero que esta entrada os haya parecido interesante.

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Esto tan solo ha sido una pequeña parte de lo que es la historia de Alemania, aún queda mucho que contar y mucho que aprender. ¿Te vienes con nosotros de viaje al pasado?

Un saludo!!


1 comentario:

¡Buenas!

¿Te ha gustado esta entrada? ¿Te ha parecido interesante? ¿Estás en desacuerdo? ¿Tienes algo que aportar sobre este tema?
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